Jueves , 27 abril 2017

Turismo Cultural

La Provincia de Córdoba siempre ha sido un territorio muy importante y referente no solo para Argentina, sino también para toda Latinoamérica en todo lo referente a cultura. Córdoba cuenta con diversas áreas donde la cultura se destaca como una manifestación viva de un tiempo pasado que ha marcado este territorio.

Una muestra de ello, es el sitio arqueológico prehispánico más destacado de la Argentina: El Parque Arqueológico y Natural de Cerro Colorado, se encuentra en esta provincia, en el punto de reunión de tres departamentos provinciales: Tulumba, Sobremonte y Río Seco, a una distancia de 170 km. de la capital de Córdoba.Históricamente, Córdoba se ha destacado por la gran cantidad de manifestaciones culturales que se pueden contemplar en su territorio y que han generado actividades turísticas de gran atractivo. El Camino de las Estancias Jesuíticas y la Manzana Jesuítica son parte de esta historia viva que la UNESCO ha declarado Patrimonio de la Humanidad. El arte, la religión y las diversas manifestaciones humanas que han tenido y tienen lugar en esta provincia, hacen de Córdoba un lugar privilegiado para conocer y disfrutar del turismo cultural.

  • Estancias Jesuíticas
  • Reserva Cultural Natural Cerro Colorado
Camino de las Estancias Jesuíticas

Córdoba recibe en el año 1599 a la Compañía de Jesús, la cual se instala y rápidamente comienza a desarrollar su labor espiritual y educativa. Con el correr de los años estas labores y sobre todo, la educativa, dan origen a dos instituciones que forman parte viva de la historia cordobesa, argentina y latinoamericana: la Universidad y el Colegio de Monserrat.

Los Jesuitas tenían una modalidad de trabajo que implicaba el autoabastecimiento a través de emprendimientos productivos que se localizaban en el interior de la actual Provincia de Córdoba. Así se formaron establecimientos agro – ganaderos que contaban con infraestructura, instalaciones, equipos y sistemas hídricos necesarios para las actividades productivas que allí se realizaban (rurales, mineras, metalúrgicas y textiles, entre otras). Estas Estancias se estructuraban alrededor de la iglesia o capilla y en función de esto las demás instalaciones destinadas a vivienda, producción, depósitos, rancherías, quintas, chacras y los campos para la siembra y la cría de animales.

Cada una de las Estancias cuenta con un valor cultural, religioso y arquitectónico que se ha mantenido hasta el presente y que muestran la interelación de cada elementos dentro del sistema en su totalidad. La UNESCO ha reconocido el valor patrimonial de este camino y ha declarado en el año 2000 a las Estancias Jesuíticas como Patrimonio de la Humanidad. Asi, el Camino de las Estancias Jesuíticas está conformado por 6 elementos: La Manzana Jesuítica en la ciudad de Córdoba (1608), la Estancia de Caroya (1616), la Estancia de Jesús María (1618), la Estancia Santa Catalina (1622), La Estancia de Alta Gracia (1643) y la Estancia La Candelaria (1683).

La Manzana Jesuítica

Allá por 1599, el Cabildo de la Ciudad de Córdoba cedió a los jesuitas recién llegados una pequeña ermita existente desde 1589. Sin embargo, en 1608 comenzó a edificarse la actual Manzana Jesuítica, porque el espacio disponible no era suficiente para alojar a religiosos, estudiantes y fieles. La Manzana está ubicada en el área central de la ciudad de Córdoba, en la manzana comprendida por la Av. Vélez Sársfield y las calles Duarte Quirós, Obispo Trejo y Caseros.

Actualmente, la Manzana jesuítica incluye la Iglesia de la Compañía, la Capilla Doméstica y la Residencia de los padres; el Rectorado de la Universidad Nacional de Córdoba (antiguo Colegio Máximo de la Compañía de Jesús) y sus dependencias administrativas, Claustro, Salón de Grados, Biblioteca Mayor y el Colegio Nacional de Monserrat.

La construcción de esos edificios demandó varios años, y se realizó por etapas. El Colegio Máximo fue levantado en 1610, la Universidad en 1622, y el Colegio Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat fue fundado en 1687 (aunque su actual emplazamiento data de 1782, tras la expulsión de la Compañía de Jesús).

En tanto, la Iglesia y la Capilla Doméstica fueron construidas entre 1644 y 1671, y el Noviciado hacia 1710. Cuando se produjo la expulsión de los jesuitas en 1767, la manzana fue asignada a los sacerdotes franciscanos, para en 1853 regresar a manos de la Compañía. Un año después, en 1854, se nacionalizaron la Universidad y el Colegio Monserrat.

Los detalles arquitectónicos de las construcciones son notables, y se conservan hasta el día de hoy. De la Iglesia de la Compañía se destacan sus dos campanarios y su decoración interior, de la cual se destaca el retablo de estilo barroco latinoamericano del siglo XVII.

Con respecto a la Universidad y el Colegio de Monserrat, son edificios construidos alrededor de patios con claustros abovedados, y en la Biblioteca Mayor se conservan varios libros que pertenecieron a la antigua Biblioteca Jesuítica, con incunables recopilados entre los siglos XVI y XVIII.

Estancia Caroya

Se trata del primer establecimiento rural fundado por la Compañía de Jesús, que en 1616 construyó la casona y sus dependencias. Actualmente, la Estancia es Monumento Histórico Nacional y Provincial, y se sitúa en el sector Oeste de la ciudad de Colonia Caroya, a 44 kilómetros al norte de la ciudad de Córdoba por ruta nacional 9.

Para construirla se utilizaron materiales locales como adobe, vigas, piedra de cantería y ladrillos de la zona, además de aberturas de algarrobo y tejas de hierro forjado en el lugar.

La Estancia de Caroya comprende la Residencia, organizada alrededor de un claustro central; la Capilla de piedra, el perchel y el tajamar, además de restos del molino y de las acequias y las áreas dedicadas a quinta. La casona se levantó en torno a un gran patio, y las dependencias tenían el fin de alojar a los alumnos del Colegio Convictorio de Monserrat. Por las diferentes etapas de su construcción, la residencia tiene rasgos arquitectónicos propios de los siglos XVII, XVIII y XIX.

A través de las décadas, la Estancia fue cambiando de manos y de objetivos de uso. En 1661 fue comprada por el presbítero Ignacio Duarte Quirós (fundador del Colegio Convictorio de Monserrat), quien decidió donarla para que la casa sirviera de residencia de vacaciones para sus internos. Años más tarde, entre 1814 y 1816, el Ejército del Norte que peleaba en las guerras de independencia nacional se proveyó de armas fabricadas allí. En 1854 pasó a manos del Gobierno nacional, y en 1876 el entonces Presidente Avellaneda dispuso que allí funcionara una colonia de inmigrantes llegados desde la región del Friuli, Italia. Dos años después, grupos provenientes de Europa se instalaron en la Estancia y comenzaron a forjar la fisonomía y la tradición italiana de Colonia Caroya.

Estancia Jesús María

La Estancia Jesús María, el segundo establecimiento productivo levantado por los jesuitas, tuvo en la producción vitivinícola a su característica más importante. Incluso, logró un gran desarrollo y calidad que se han prolongado hasta el día de hoy, con cultivos que generan bebidas con gran aceptación en el mercado.

Se encuentra al Noroeste de la ciudad de Jesús María, a 48 kilómetros al norte de la ciudad de Córdoba por ruta nacional 9.

La Estancia se construyó a partir de 1618, e incluye la residencia, la Iglesia y la bodega, además de restos de antiguos molinos, perchel y tajamar.

Constituye un ejemplo de la arquitectura jesuítica, y se destaca la construcción de sus arcos superpuestos. Como en otros edificios de la Compañía de Jesús, se levantó alrededor de un patio central, el cual se cerró en dos costados por un claustro de dos niveles.

En la iglesia se destaca su ornamentada cúpula central y su exterior sobrio.

Estancia Santa Catalina

La Estancia Santa Catalina es la más grande de todas las que fueron creadas por la Compañía de Jesús en la Provincia de Córdoba. Construida a partir de 1622, fue un gran centro de producción agropecuaria con dos molinos y alojaba miles de cabezas de ganado vacuno, ovino y mular. Además, allí se realizaban trabajos textiles, de carpintería y de herrería, entre otros. Cabe destacar que la Estancia se abastecía de agua de alimentación subterránea, proveniente de las sierras de Ongamira, a varios kilómetros de distancia.

Se encuentra a 20 kilómetros al noroeste de la ciudad de Jesús María, a 70 kilómetros de la ciudad de Córdoba por ruta nacional 9 hasta Jesús María, y luego por camino provincial secundario.

La Estancia incluye la iglesia –claro ejemplo del estilo “barroco colonial”–, la residencia con sus tres patios, las ruinas del noviciado, la ranchería (habitaciones para esclavos), el tajamar, restos de acequias y molinos. En la actualidad, su estado de conservación es notable, ya que casi la totalidad de su estructura ha sido mantenida a lo largo de los años.

La iglesia cuenta con una imponente fachada y su construcción tiene influencias de la arquitectura barroca centroeuropea, tanto en el portal de acceso como en las torres gemelas de los costados. El antiguo cementerio de los religiosos está situado junto a este edificio, y a él puede accederse por un portal barroco cóncavo.

Tras la expulsión de la Compañía en 1767, Santa Catalina fue adquirida en subasta por don Francisco Antonio Díaz, cuya familia es la propietaria de la Estancia hasta el día de hoy. Fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1941.

Estancia Alta Gracia

La Estancia de Alta Gracia es la más cercana a la ciudad de Córdoba, a 36 kilómetros al sudoeste por ruta provincial 5. No fue construida íntegramente por los jesuitas, ya que ellos la recibieron en donación por parte de Don Alonso Nieto de Herrera. Era su estancia personal, pero al ingresar a la Compañía de Jesús en 1643, se las donó. A partir de la construcción existente, los jesuitas la adaptaron para lograr sus fines productivos; sobre todo en el área textil, la agricultura y la ganadería, en especial el comercio de mulas.

La Estancia de Alta Gracia incluye la iglesia, la residencia del hoy Museo Nacional “Casa del Virrey Liniers”, con sus patios y locales anexos; el obraje, el tajamar, las ruinas del molino y el antiguo horno.

La iglesia se destaca por su interior ornamentado y su delicado frente, y es única en Argentina por su fachada sin torres.

Tras la expulsión de la Compañía de Jesús por orden del rey Carlos III de España, la Estancia pasó por manos de sucesivos propietarios particulares, uno de ellos don Santiago de Liniers, antiguo virrey del Río de La Plata y héroe de las luchas contra los invasores ingleses en 1807.

Luego, la misma Estancia dio origen a la ciudad de Alta Gracia, cuando Don Manuel Solares dividió en lotes las tierras que la rodeaban.

En 1941, fue declarada Monumento Histórico Nacional, y en 1968, El Gobierno Nacional adquirió las construcciones residenciales del casco de la Estancia al Museo Nacional “Virrey Liniers”.

Actualmente, la Estancia ofrece diversas actividades culturales para toda la familia, el templo es la iglesia parroquial de la ciudad y en la Residencia funciona el Museo Nacional “Casa del Virrey Liniers”.

Estancia La Candelaria

La Estancia La Candelaria fue organizada y consolidada a partir de 1683, y se dedicó sobre todo a la ganadería extensiva, fundamentalmente mular, destinada al tráfico de bienes desde y hacia el Alto Perú. Sin embargo, por estar enclavada en plena sierra cordobesa, las condiciones geográficas dificultaban el pleno desarrollo de actividades agrarias a gran escala.

Además, en la época la construcción debió realizarse teniendo en cuenta eventuales ataques aborígenes, y por eso los jesuitas la levantaron con gruesos muros de piedra, apenas dos puertas de acceso y pequeñas aberturas. Por eso, La Candelaria se diferencia del resto de los establecimientos rurales de los jesuitas y es una construcción intermedia entre fortín y residencia con santuario.

La Estancia incluye la Capilla, la residencia y locales anexos, las ruinas de las habitaciones construidas por apilamiento de piedras con techo de paja destinadas a los esclavos, corrales, restos de tajamar, molino y acequias.
Se destaca la fachada de la iglesia, compuesta por una sola nave coronada por una espadaña barroca, la única silueta que sobresale de la horizontalidad del edificio.

Esta Estancia se encuentra en el departamento Cruz del Eje, al noroeste de la Provincia, aproximadamente a 220 kilómetros de la ciudad de Córdoba por ruta nacional N° 38 y a 73 kilómetros de la ciudad de Cruz del Eje.

Luego de la expulsión de los jesuitas en 1767, la Junta de Temporalidades vendió la propiedad en partes y en distintos años. El casco de la estancia, declarado Monumento Histórico Nacional en 1941, fue adquirido por el Gobierno de la Provincia de Córdoba en 1982 y utilizado como espacio para conocer la vida rural.

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El Parque Arqueológico y Reserva Natural de Cerro Colorado se encuentra en la intersección de los departamentos Río Seco, Sobremonte y Tulumba, con una superficie de 3000 hectáreas se ha constituido como uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del país. Una formación geológica, erosionada por el viento, el agua y el clima de la región, fue convirtiéndose en una estructura natural con aleros y cuevas que tiempo más tarde utilizarían los aborígenes de este territorio para expresarse y plasmar los testimonios de su arte y forma de vida, en pinturas rupestres.

Los Sanavirones y los Comechingones fueron los pueblos originarios que habitaban esta región al momento de la conquista y fueron ellos los que mayormente dejaron plasmado su forma de vida en estas cuevas y formaciones naturales que utilizaban para vivo y desarrollarse. Dibujos realizados en colores, llegan hasta nuestros días como huellas intactas e inconfundibles de una historia de antiguos habitantes que dejaron muestras de sus inicios y también del fin de su pueblo.

Los petroglifos son las pinturas que más se pueden observar, y que fueron realizados en el peiodo que va de los V al XVI. En estas pinturas se utilizaban 3 colores y al igual que otras culturas originarias de Latinoamérica, el blanco, negro y rojo, fueron los tintes elegidos.
El escritor Leopoldo Lugones, a fines del 1800 publicó un artículo sobre la importancia arqueológica que tenía el Cerro Colorado y esta región y ya en 1961 se lo declara Monumento Histórico Nacional.

Más de 30 mil símbolos están como huella y testigos de una historia contada en las rocas. Animales como pumas, llamas y formas geométricas marcan parte de la vida de estos pueblos originarios. El principio del fin se encuentra plasmado en estas cuevas, donde se ve de manera clara como hombres a caballo, otros a pie y todos vestidos con trajes europeos de esta época marcan el contraste cultural que se produjo con la llegada de los colonizadores.

En una línea temporal más próxima, el músico Atahualpa Yupanqui eligió Cerro Colorado para vivir y desde allí hoy funciona una casa museo en su homenaje con muchos objetos y parte de su obra que conforman la muestra permanente.

Cerro Colorado y toda la región muestran una flora y fauna que invita a conocer y descubrir un lugar que podrá remitirnos a un pasado que se vincula eternamente con nuestro presente.

 

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